El decano del bufete estudió el informe por enésima vez y una vez más por lo menos sobre el papel no encontró nada que le desagradara acerca de Mitchell Y. McDeere. Era inteligente, ambicioso y bien parecido. Además, estaba hambriento; con sus antecedentes tenía que estarlo. Era un hombre casado, condición indispensable en la empresa, que nunca había contratado a ningún abogado soltero y que censuraba severamente el divorcio, así como la bebida y el putañeo. Someterse a una prueba de consumo de drogas formaba parte del contrato.
El taxi se elevó para evitar el gran edificio de Laser-Comunicación. Thork y Sthark miraron hacia abajo. Comprobaron que se habían desviado un poco de la ruta. Thork indicó en alta voz la dirección exacta que deseaba tomar. El auto-antigravedad recogió la orden. En el centro de la ciudad el cerebro electrónico encargado del control cibernético recibió el deseo de los clientes. Al instante corrigió la anomalía y transmitió la rectificación al taxi que, acelerando su carrera, partió hacia su destino exacto.
STEPHEN HAWKING, uno de los pensadores más influyentes de nuestro tiempo, se ha convertido en un ícono intelectual no sólo por la osadía de sus ideas, sino también por la claridad y agudeza con que las expresa. En este nuevo libro, Hawking nos conduce hasta la frontera misma de la física teórica -donde la verdad supera muchas veces a la ficción para explicarnos en términos verdaderamente sencillos los principios que rigen nuestro universo. Como otros muchos físicos teóricos, también Hawking se ha lanzado en pos del grial de la ciencia: la escurridiza...